Silo, en el diccionario del Nuevo Humanismo, define la violencia como: “...el más simple, frecuente y eficaz modo para mantenerse en el poder y la supremacía, para imponer la propia voluntad a otros, para usurpar el poder, la propiedad y aún las vidas ajenas..”
“La violencia ha penetrado en todos los aspectos de la vida: se manifiesta constante y cotidianamente en la economía (explotación del hombre por el hombre, coacción del Estado, dependencia material, discriminación del Trabajo de la mujer, trabajo infantil, imposiciones injustas, etc.), en la política (el dominio de uno o varios partidos, el poder del jefe, el totalitarismo, la exclusión de los ciudadanos en la toma de decisiones, la guerra, la revolución, la luchas armada por el poder, etc.), en la ideología (implantación de criterios oficiales, prohibición de libre pensamiento, subordinación de los medios de comunicación, manipulación de la opinión pública, propaganda de conceptos de trasfondo violento y discriminador que resultan cómodos a la élite gobernante, etc.), en la religión (sometimiento de los intereses del individuo a los requerimientos clericales, control severo del pensamiento, prohibición de otras creencias y persecución de herejes), en la familia (explotación de la mujer, dictado sobre los hijos, etc.), en la enseñanza (autoritarismos de maestros, castigos corporales, prohibición de programas libres de enseñanza, etc.), en el ejército (voluntarismo de jefes, obediencia irreflexiva de soldados, castigos, etc.), en la cultura (censuras, exclusión de corrientes innovadoras, prohibición de editar obras, dictados de la burocracia, etc.)
“Cuando se habla de violencia, generalmente se hace alusión a la violencia física, por ser ésta la expresión más evidente de la agresión corporal. Otras formas como la violencia económica, racial, religiosa, sexual, etc., en ocasiones pueden actuar ocultando su carácter desembocando, en definitiva, en el avasallamiento de la intención y la libertad humanas. Cuando éstas se ponen de manifiesto, se ejercen también por coacción física.”
La “no-violencia” es una actitud frente a la vida cuya característica fundamental es el rechazo y el repudio a todas las formas de violencia.
Su metodología de acción es la “no-violencia activa”. Esta metodología impulsa una profunda transformación de las condiciones sociales que generan sufrimiento y violencia sobre los seres humanos.
Los antecedentes históricos encuentran a las figuras de Tolstoi, Gandhi y Luther King, como precursores ejemplares y más conocidos de la lucha no-violenta frente a la violencia instituida.
Hoy mismo, son miles los ejemplos cotidianos de acción no-violenta que se llevan a cabo en todo el mundo, en los diferentes niveles de la acción social, donde individuos, instituciones y organizaciones, trabajan cotidianamente con el objetivo de denunciar y erradicar diferentes expresiones de violencia en la sociedad, e impulsar la paz.
La “no-violencia”, en cuanto metodología de acción personal y social, promueve acciones concretas a fin de crear conciencia del problema de la violencia, de sus verdaderas raíces, de sus diferentes formas de manifestación como violencia física, racial, económica, religiosa, psicológica y moral, a la vez que impulsa acciones ejemplares que tiendan a erradicar las prácticas violentas de la faz de la Tierra.
Algunas de sus herramientas principales de acción personal y social, son:
• El rechazo y el vacío a las diferentes formas de discriminación y violencia.
• La no-colaboración con las prácticas violentas.
• La denuncia de todos los hechos de discriminación y violencia.
• La desobediencia civil frente a la violencia institucionalizada
• La organización y movilización social en base al trabajo voluntario y a la acción solidaria de quienes la impulsan.
La “no-violencia” organizada, unida y movilizada constituye la única fuerza capaz de modificar la dirección violenta e inhumana de los peligrosos acontecimientos en el mundo actual.